sábado, 29 de junio de 2013

Tenir fotògrafs o no tenir-ne

Bona nit tinguin. Torno, després d'un d'aquests silencis tan habituals. Prometo escriure.

Recuperem energies amb el tema fotogràfic, gentilesa de la sempre interessant Xatakafoto. Aquesta és la diferència entre tenir bons fotògrafs i fer-los fora i confiar en els Iphones. La historia completa.




miércoles, 17 de abril de 2013

Lo que sé de Venezuela

Voy a hablar de Venezuela. Y de la mejor manera que puedo. 

Puedo hacer un análisis político de Venezuela. País que no he visitado, y dudo que vaya a hacerlo. No por un tema de prejuicios, sino porque tengo otros planes. Y si voy a hablar de Venezuela, hablaré de lo que conozco. 
  ¿Que sé de Venezuela? Que no he conocido nunca a ningún venezolano chavista viviendo en Barcelona. Ninguno. Y mira que he conocido a unos cuantos, cerca de una decena. No he encontrado los resultados electorales de los votos emitidos desde Barcelona, pero miren los resultados del voto venezolano residente en el País Vasco: Henrique Capriles ha ganado a Maduro con un 93% de los votos. En Vigo, Capriles ha llegado al 96%. 

 Si bien no he debatido de política a fondo con todos mis venezolanos "barceloneses", pondría la mano en el fuego que en los parámetros europeos de la socialdemocracia se sienten cómodos. Ya saben: Matrimonio homosexual, educación y sanidad públicas, redistribución de la riqueza, etc... Así que quizás la gran división que ha traído Chavez no han sido sus políticas sino su personalidad. Tampoco les voy a descubrir al personaje. 

  Quizás el hecho que la gran mayoría los expatriados venezolanos echen pestes de él explica parcialmente su éxito: Quienes en algún momento han tenido el poder adquisitivo suficiente para meterse en un viaje transoceánico se han marchado. Han podido votar en mesas esparcidas por toda España o debatir por Internet, pero si han hecho de oposición ha sido con la sordina que suponen decenas de horas de avión de por medio. Y sea por convicción o por tacticismo, el Chavismo se ha ocupado de las clases populares, aquellas que no aparecen mucho por los medios occidentales. 

He leído mucho sobre Chávez estos días, en especial tras su muerte. Y uno se puede hacer una idea de lo que era. Ciertamente, no entra en mis ideales de líder político. Pero este es un debate interminable y poco puedo aportar. En cambio, parece que cualquier hijo de vecino de Les Corts, Chueca, Salamanca, Washington o Londres puede decirnos lo que es Chavez y como gobernar Venezuela. Nos hemos convertido en adictos a las opiniones de tercera y cuarta mano. Y volvemos al reduccionismo estúpido de los prejuicios políticos: Para la derecha, es un peligroso dictadorcete que va a expropiar todos los comercios privados, que va a hacer de los venezolanos unos vagos y que se alía con líderes de dudosa reputación democrática. Para la izquierda militante es un santo salvador de la clase obrera, un pacificador modesto que ha echado del gobierno a las clases dominantes y que ha plantado cara a los demoníacos Estados Unidos. Ahora que se junten los dos ejes ideológicos y me digan el nombre de tres regiones venezolanas. Google no vale. 

Chavez posiblemente habrá sido algo más complejo que todo este falso debate, pero no creo que me toque a mi dirimirlo. Y Quien sabe lo que será Maduro. En cambio, si que me revienta este paternalismo de alguna prensa local y los prejuicios disfrazados de opinión que cualquier hijo de vecino ha lanzado por Twitter. Todo acerca de un país que, antes de la era de internet, sólo conocían por las telenovelas y Boris Izaguirre. 

martes, 16 de abril de 2013

Sobre fotos y premios

Estilo o esencia. Siempre se mezclan. 

Manu Brabo acaba de ganar el premio Pulitzer. En realidad lo ha ganado el equipo de fotoperiodistas de Associated Press que cubría la guerra en Siria, del que Brabo forma parte. Este fotoperiodista asturiano muestra en su web su magnífico ojo. También incluye algunos textos que merecerían, como mínimo, una segunda opinión. Aunque esto no es lo que me preocupe hoy. 

Observando sus fotografías se nota un estilo directo. Realiza encuadres aventurados pero expresivos, y sabe dar tonos creíbles a una escena. Incluso sus tomas en blanco y negro parecen desprender el mismo oxígeno que el de las viejas películas en blanco y negro de los años 50. No le tiembla el pulso a la hora de retratar escenas crudas, como esta tomada en Libia.

Hace unas semanas, se dio a conocer el ganador del World Press Photo 2013. El ganador fue el sueco Paul Hansen, con una foto tomada en noviembre de 2012, en la que se muestra el dolor de un grupo de palestinos en la franja de Gaza, después que un bombardeo israelí acabara con la vida de varios civiles, incluídos niños. 













La imagen impacta. Emociona. Es un golpe duro, pero también merece un segundo debate, el de la alteración de las fotos en el procesado. 
No puedo dar una lección de uso de Photoshop, del que conozco su uso a un nivel medio. Pero tengo una carta en mi favor: Mi mujer es fotógrafa, cosechando un estilo que busca conjugar la moda con toques naturalistas (nunca trabaja en estudio) con tendencia artística. ¿Estilo distinto del fotoperiodismo? Totalmente. Pero a ella no le piden realidad. La he visto hacer centenares de pasos antes de lograr el estado de ánimo perfecto. 

Me cuesta ver la foto sin dudar. Y han sido varías las voces que han debatido el procesado que ha podido usar Hansen. Es la luz. La que ilumina los perfiles izquierdos de los protagonistas de la foto, con un brillo que resulta más pictórico que fotográfico. 

Hansen declaró en el mencionado New York Times que esa luz con un brillo tan particular venía rebotada de una pared, más que por efecto de la edición. Por experiencia, cuesta creer que no se haya pasado un buen rato alterando exposiciones, contrastes, niveles, curvas y canales. Como mínimo. 

En favor de Hansen se tiene que decir que no se cuestiona la autenticidad de la foto. No tenemos una polémica como la que enfrentó al fotoperiodista Javier Bauluz con Arcadi Espada, cuando este último acusó a Bauluz de falsear la foto que, publicada en 2000 por el New York Times y el magazine de "La Vanguardia", le valió a Bauluz un premio Pulitzer. No es una cuestión de un encuadre que deja elementos cruciales fuera, Hansen abre el plano y capta una escena sentida y tumultuosa. 

¿Dónde ponemos la línea entre el retoque aceptado y el rechazado? En su edición del año 2009, el premio danés Picture of the Year retiró un premio a Klaus Bo Christensen, en una foto tomada tras el terremoto que asoló Haiti. Cuando la organización del concurso pidió a Christensen los archivos Raw originales, consideraron que el retoque era excesivo. 

Esta es la foto que ganó el premio:


Y este, el archivo Raw original:



En el caso de Bo Christensen en 2009, el retoque era evidente.Volviendo a la foto de Hansen, en el mencionado artículo del NYT, el jurado del premio confía que la edición de la foto esta dentro de los "límites razonables" que acepta el concurso. La solución definitiva sería ver el archivo Raw original, pero el fotógrafo está en su derecho de guardárselo. 

Será una cuestión personal, pero la emoción de la foto de Paul Hansen no me llega a niveles estomacales, como si lo logra Manu Brabo. La fotografía, siempre fascinante. 

viernes, 12 de abril de 2013

L'etern boix

Any 1997. El tipus sabia el seu paper. Rondava els disset anys, si fa no fa l'edat que teníem els qui anàvem amb ell en aquells estius tan plaents, però més avorrits del que puc admetre. I ja podíem estar al calorós juliol, que el seu paper imposava unes normes inexcusables: El cap rapat era necessari, però la jaqueta 'bomber' es deixava veure. Faltaria més.
"El Nuñez ens ho paga tot", ens deia sense cap mena d'aire de misteri. El pa de cada dia.

Ja saben, l'etern retorn.