sábado, 22 de agosto de 2015

Matisyahu y la libertad de expresión

Matisyahu
Matisyahu actuando en el festival Riverrock, en mayo de 2014. Foto de Bill Dickinson

  En el momento que escribo estas líneas todavía no he escuchado ni un acorde de Matisyahu. Situación análoga a la de muchos y sin embargo es el nombre musical que más se ha repetido en estas últimas semanas en España. No hace falta que les recuerde el motivo, así que seré breve: Matisyahu es un músico de reggae judío y estadounidense, el festival Rototom Splash le contrata, los activistas del movimiento BDS (la campaña que busca el boicot total a Israel por su comportamiento con los palestinos) encuentran una entrevista donde justifica (de manera bastante desagradable) los ataques del ejercito israelí contra la flotilla de Gaza y a partir de allí empiezan una campaña para que el festival cancele su concierto.

El festival pide a Matisyahu un pronunciamiento sobre el conflicto, este se niega y Rototom cancela su actuación. Pasados unos días Rototom no tan sólo cambia de idea sino que hasta se disculpa con Matisyahu. Se desconocen los motivos del cambio, pero si tuviera que hacer alguna elucubración, apostaría no tanto a las presiones de las embajadas de Israel y Estados Unidos como a posibles problemas legales que Rototom debería afrontar en caso de una cancelación unilateral de su concierto. Una demanda de Matisyahu por incumplimiento de contrato, vamos. 

A estas alturas ya se han escrito mucho sobre si la cancelación del concierto responde a antisemitismo por parte de BDS, pero aquí hablamos de algo más sencillo: Es la libertad de expresión. Aquella libertad que, si se cree en ella, se tiene que aplicar siempre. Nos guste o no.
Y para quienes creemos en dicha libertad, el concierto no debió ser suspendido. Del mismo modo que tampoco se deberían suspender conciertos de Reincidentes, Soziedad Alkoholika, Fermin Muguruza o cualquier otro cantante o grupo, sea del signo que sea.

Y es que en este tema tienen que responder todos: Tanto los políticos del PP que se han llevado las manos a la cabeza pero que tienen un historial probado de censurar conciertos como quienes han justificado el veto a Matisyahu como un acto de justicia divina que acabará con el conflicto en Oriente Medio. Todos creen que tienen derecho a silenciar al otro. Todos creen en su libertad, pero no en la de los otros.

En el grupo primero se encuentran todos los responsables mencionados en este artículo de Eldiario.es. No entraré en detalles porque pedirle clases de libertad de expresión al PP tiene visos de ser inútil. Aunque resulta curioso que en el artículo se cite a Pablo Hasel de manera benevolente, obviando que Hasel tiene letras como "Ahí fuera prefieren a El Canto del Bobo que pensar con mi CD, me importa menos que la muerte de concejales del PP" o bien "Viva los GRAPO, acúsame de desacato, estoy preparado". 

Pequeño recordatorio: GRAPO fue un grupo terrorista que mató a más de 80 personas. Aún con semejante vileza, yo no cancelaría sus conciertos ni le hubiese llevado a juicio por sus letras. Una postura no muy cómoda de defender, no en vano entiendo cómo deben sentirse los familiares de las víctimas del GRAPO al leer semejantes letras. De la misma manera que los familiares de los activistas muertos de la Flotilla de la libertad no estarán nada felices al leer las declaraciones que Matisyahu hizo en 2011.

Y en el segundo grupo podemos encontrar a un grupo de periodistas, activistas (o los dos a la vez) e incluso músicos que están apoyando el boicot. Grupo en el que ha destacado gente como Víctor Lenore, el periodista musical convertido en supuesto azote de indies, gran aliado de la causa palestina y que hace unos meses entrevisto a Pablo Hasel. Todo perfectamente legítimo. En dicha entrevista con Hasel, Lenore defendía su libertad de expresión. Y con razón, como he expuesto antes. Esa que ahora mismo él y otros supuestos defensores de la libertad le niegan a Matisyahu, un artista al que se quiere condenar no ya por sus letras (claramente apolíticas, a pesar de alguna traducción torticera volcada en las redes), sino por unas meras opiniones.

Plantear este debate sobre si el boicot a Matisyahu ayuda a la causa palestina o si se basa en el antisemitismo es estéril. Es un debate sobre la libertad de expresión. O jugamos todos con las mismas reglas o la libertad de expresión se convierte en una mera balanza que se va a decantar en favor de los equilibrios políticos de cada uno. Y entonces deja de existir. 

lunes, 10 de agosto de 2015

TV: Daredevil



 En las pantallas recientes, Batman ha marcado el modelo a seguir y otro a evitar en lo que a superhéroes se refiere. El modelo a seguir es la trilogía de “El Caballero Oscuro” de Christopher Nolan, que llevó al hombre murciélago al epicentro de nuevas definiciones del bien y el mal (“El Caballero Oscuro”) o incluso dentro de debates políticos.  Si no me creen, recuerden el discurso de Bane en “El Caballero Oscuro Renace”, reminiscente del movimiento “Occupy Wall Street”.

El modelo a evitar, por otro lado, sería “Gotham”, la reciente serie precuela que nos muestra a un Bruce Wayne de niño mientras sus futuros villanos hacen su camino. Una serie lastrada por una dirección lineal, exceso de efectismo y de gusto por los colores chillones y con un planteamiento más maniqueo.

El universo Marvel, por su parte, vive en un ambiente cinematográfico en apariencia más frívolo, más “camp”, aprovechando de la mejor manera posible la vanguardia de los efectos especiales, pero sin buscar segundas lecturas de manera muy persistente. Algo que no ha afectado a sus películas, que se han mantenido por lo general en un nivel decente. Reconozco que no puedo hablar de “Agents of S.H.I.E.L.D” porque no la he visto. Así que tomen mi palabra con prudencia.

Por todo lo mencionado en el parágrafo anterior, la sorpresa que he tenido viendo “Daredevil” ha sido grata e inesperada. Porque la serie sobre el superhéroe ciego sobrepasa sus expectativas gracias a un excelente trabajo de soldar los elementos más interesantes de su universo, otorgando al héroe una profundidad nunca vista. Y lo sitúa en el nivel de superhéroe local, de luchador contra la corrupción y la injusticia más a nivel de ciudad que a nivel planetario.

Y lo hace con un guion trabajado y que apenas deja cabos sueltos, incluidos algunos guiños más que evidentes al universo cinematográfico Marvel, pero que no influyen en la trama.  Un argumento que  combina una actualización del discurso de los superhéroes con tramas reminiscentes del cine negro, coreografías de lucha deudoras del cine de artes marciales de los 70 y dilemas personales e incluso religiosos que no tan sólo no desentonan sino que aumentan el impacto dramático.

Respecto a Daredevil, el superhéroe que emerge del abogado ciego Matt Murdock (magnífico Charlie Cox), se respeta la esencia del origen del personaje pero a la vez se despoja de elementos accesorios, de manera que su nombre de héroe y traje no aparecen hasta el último capítulo. También el villano, representado en el comic bajo el obvio nombre de Kingpin, se quede en el esqueleto de su nombre y apellido, Wilson Fisk. Una némesis que no huye de tópicos pero que goza de un guion que contextualiza de manera coherente su personalidad. Además se beneficia de un excelente trabajo de Vincent d’Onofrio, que trata de canalizar a un Vito Corleone curtido en lucha libre y sale más que airoso.

  Ciertamente la serie tiene momentos de duda, caso del personaje de la enfermera Claire, cuyas apariciones parecen arbitrarias. Una posible consecuencia de la apretada agenda de la omnipresente Rosario Dawson. Pero poco más se puede reprochar a una serie que fluye a paso ligero pero valiente.

Apuntes:

-      - No se descarta que Daredevil aparezca en las películas de Marvel, pero lo que es seguro es que la serie se cruzará con las otras dos producciones Marvel que prepara Netflix: “Jessica Jones” y “Iron Fist”, que cristalizarían en la miniserie “The Defenders”. “Jessica Jones” no tiene fecha de estreno decidida, pero parece que llegará en octubre, encabezada por Krysten Ritter (Jane en “Breaking Bad”) y David Tennant (“Doctor Who” y “Broadchurch”).

-       - Para la segunda temporada de Daredevil se han confirmado dos personajes muy queridos dentro del comic original: Punisher, que será interpretado por Jon Bernthal (“The Walking Dead”), y Elektra, por Elodie Yung. 

miércoles, 5 de agosto de 2015

Cinematic: "Amy"




  Vi a Amy Winehouse en directo. Era en 2007, en el FIB, cuando “Back To Black” llevaba ya meses en lo más alto en el Reino Unido pero aún no era el fenómeno global que llevaría a Winehouse a ganar unos cuantos Grammys. El concierto no fue perfecto. Por aquel entonces el abajo firmante trabajaba redactando noticias musicales, en un momento en el que la prensa británica ya bombardeaba a diario con noticias sobre su vida disoluta.
   La fragilidad de la vida de Winehouse supuraba en un directo en el que su exuberante grupo de acompañamiento lograba tapar algún que otro desvarío. Eso si, cuando la canción le venía bien, Winehouse mostraba un poderío poco imaginable en un cuerpo tan frágil.
  Por mucho que pueda sorprender, ni el escenario era el principal ni tan siquiera estaba lleno del todo. Ya por aquel entonces el FIB se alimentaba de una importante legión de público británico, pero tampoco eran la masa de hoy en día y en España Amy Winehouse era pasto de Radio 3 y de los seguidores de la prensa musical, a la vez que ‘Rehab’ justo empezaba a sonar en las radiofórmulas. 
  Yo estaba en un lado del escenario al lado un grupo de tres seguidoras suyas, todas ellas británicas y con pinta de veinteañeras tardías, que no tan sólo coreaban sus canciones sino que cantaban un “Amy, Amy, Amy” similar al de los fans de un equipo de fútbol o bien como si Amy fuera la amiga del grupo con un don especial para el cante y que justo en ese momento conquistaba el karaoke del barrio. Esa era la conexión que tenía Amy Winehouse con su país. Además de escribir sobre sus propios demonios, sabía retratar aquello que le era cercano. Si a esto le añadimos su pasión por el jazz, el soul y su estratosférica voz, su fenómeno está explicado. Fenómeno que, años más tarde es ya un mito. Desgraciadamente.
  Pasados ya cuatro años de su muerte, era de esperar que tuviera el documental que se merece. Y “Amy” lo es. Tras una ingente investigación, el director Asif Kapadia retrata a Winehouse con distancia en los aspectos más turbios pero con admiración en la parte musical, regalándonos momentos emotivos como el material que muestra a Winehouse en el estudio o en conciertos en formato íntimo. El inicio ya es revelador: Unos amigos le cantan un ‘Happy birthday’ a una chica y cuando una Amy de 13 años se suma al coro, el resto calla. Luego resulta difícil no sucumbir ante el poderío de Winehouse cantando ‘Moon River’ a los 16 años, grabando ‘Back To Black’ (la canción) junto a Mark Ronson o como sus defensas de icono del pop se desvanecen cuando va a grabar junto a Tony Bennett, uno de sus grandes ídolos.
  Del resto del metraje, destacar que Kapadia deja a los entrevistados en meras voces que acompañan las imágenes, un recurso sagaz que otorga al documental una profundidad poco vista en este tipo de trabajos. Las imágenes de archivo son muchas y muy valiosas, y además de las musicales hay  aproximaciones inéditas a la personalidad de Winehouse, caso de una impagable cara de Winehouse en una entrevista cuando una periodista osa compararla con Dido.
  Además, en “Amy” no hay equidistancias que valgan, de manera que señalar a culpables no es maniqueo: Su marido Blake Fielder y su padre Mitch Winehouse empujaron a Winehouse a una sique quebradiza ya desde una temprana edad, y el documental, si bien insiste que ella les adoraba, lo deja bien claro.

Apuntes:

- Debo reconocer que tengo lagunas de Pixar, pero aún y así fui a ver con interés “Del revés”. Y es una película notable, una comedia con gags que se suceden a ritmo vertiginoso, pero tiene más de película cerebral y bien engrasada que no de instinto o genialidad. Una buena noticia para la cartelera pero no es una obra maestra.

- Recuperé “Viaje a Sils Maria”. Olivier Assayas jugando a ser Bergman sin salir mal parado, con grandes interpretaciones, un gran uso de la elipsis y una cinematografía bellísima.


-En el momento que escribo esto, Barcelona TV emite el segundo telefilme de la excelente trilogía “Red Riding”. En los últimos días han recuperado “Carretera Pérdida”, “Barton Fink”, “Gato Negro, Gato Blanco” o “The Ring”, siempre en horario de máxima audiencia. Todo un lujo. 

domingo, 2 de agosto de 2015

Poble Sec




   El Poble Sec és el barri on varen viure els meus avis i el meu pare. És el barri on anava a dinar un cop per setmana, on els nens jugàvem al carrer. En el meu cas era al final del carrer Poeta Cabanyes, aquella part que tocava al Passeig de l’Exposició i que anys enrere s’havia convertit en un lloc de pràctiques per toreros aficionats.

  Un dels primers records estranys és visitar a l’avia a la cuina i mirar per la finestra, quan encara donava al passeig de l’Exposició, abans de la construcció de l’edifici que avui en dia uneix ambdues vies. L’acció de mirar per aquella finestra no era quelcom estrany, però el que no arribava a entendre era que feien un grup de joves que arribaven amb un Seat 131 i que, tot seguit, li prenien foc. 

  Les històries de robatoris de cotxes i motos s’han convertit en endèmiques dins el Poble Sec, però per un noi que vivia en un barri asèptic com l’Eixample era un moviment massa sobtat de l’ordre conegut.

  Ara fa dos anys i mig que visc al Poble Sec. Al mateix pis on hi anava de petit, acompanyat, amb gossa, canviat i sempre amb algun que altre maldecap. Porto unes quantes fotos exposades a l’exterior de la biblioteca Francesc Boix, he caminat per Montjuïc unes quantes vegades, he assistit a les assemblees on es reclama menys soroll pels veïns, he combinat menjars deliciosos amb massa kebabs i començo a reconèixer les mateixes cares.

   Puc veure que hi ha coses que no canvien: En cap altre barri veig tants nens jugant al carrer i vells caminant. No puc pretendre fer historia del barri. En tot cas, puc fer historia meva.